viernes, 19 de diciembre de 2008

Cuàntas cosas se perdieron!


Hace poco, una niña cometiò un error con tu hermana Agustina. Buscamos asegurarnos que no le volverìa a hacer daño y se hizo todo lo que se debìa hacer. Lo correcto. Comentar que Agustina habìa sufrido maltrato y que tenìa miedo que siguieran hacièndole daño. Las personas encargadas de sancionar a la niña lo hicieron muy bien. La pregunta es ¿hasta dònde podemos estar tranquilos?. Y yo pensè que la mejor forma de solucionar el problema es que la niña reconozca su error. Por màs que una persona, cuando comete un delito, sea encerrada por años y años en las càrceles, si no reconoce que ha actuado mal, cuando sale volverà a las andadas. Hoy en dìa hay mucha gente que se ensañan con los màs dèbiles, cosa que no vivìamos en la època en que yo iba al colegio. Se han burlado de mi, pero no a tal punto de hacer tantas cosas como vemos a diario en la televisiòn. Si llamaban a tus padres para contar que algo malo habìas hecho, te morìas de miedo. Tus padres acudìan avergonzados y temerosos a la reuniòn con la maestra. Cuàntas cosas se perdieron!.

1 comentario:

La Sonrisa de Arturo dijo...

Pues sí. Para mí es incomprensible que se llegue a la situación de que a esos niños les dé igual todo, porque saben que sus padres les van a respaldar en lo que hagan...

En fin.